2014 - Bicentenario de la Campaña Naval Libertadora Browniana en el Río de la Plata

Asistencia al Transporte A.R.A. “Isla de los Estados”

Asistencia al Transporte A.R.A. “Isla de los Estados”

En las últimos días de Abril, el Rompehielos A.R.A. “Almirante Irízar”, transformado por imperio de las circunstancias en un buque logístico de la flota, se hallaba fondeado en la bahía exterior de Puerto Argentino, en el denominado Puerto Groussac, efectuando, mediante helicópteros y lanchas de desembarco EDPV, la descarga de tambores de combustible (Aerokerosene JP-4 y Aeronafta  125/145 Octanos).

También estaba a  la espera de la llegada, al mando del Capitán de Ultramar Tulio N. Panigadi, del Transporte ARA “Isla de Los Estados”, al cual debíamos transferirle la logística necesaria para abastecer a las fuerzas de Ejercito Argentino destacadas en Puerto Howard, sobre el Estrecho de San Carlos, que separa la Isla Gran Malvina de la Isla Soledad.

 

                                 Transporte ARA "Isla de los Estados"

 

La mañana se presentaba horrible, el inicio del otoño se hacía sentir, las temperaturas ya había bajado a valores preocupantes, el cielo nublado y un fuerte viento predominante del Suroeste, pronosticaban que la tarea no iba a ser sencilla. El “Irizar”, tironeado permanentemente por el viento, borneaba sobre la posición de su ancla más de 60º a cada banda, lo que complicaba seriamente la maniobra de atraque que debía encarar el “Isla de los Estados”. Como experto marino, el Capitán Panigadi, se tomó su tiempo para amarrarse, mantuvo al “Isla”, próximo y a popa del “Irizar”,  a la espera de encontrar el momento preciso para iniciar la aproximación; llegado el momento se lanzó a toda máquina con la dotación en sus puestos y en una maniobra digna del recuerdo, llena de golpes de máquinas y timón, se atracó al “Irizar” con total suavidad.

El “Isla de Los Estados” de 81,50 metros de Eslora, 13,40 de Manga, 4,50 de Calado y 4.000 toneladas de porte, alcanzaba los 14 nudos de Velocidad. Había sido construido en Guijón, España en 1975, por la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera y bautizado con el nombre de Trans-Bética.

El 22 de Diciembre de 1980, fue incorporado al “Servicio de Transportes Navales” de la Armada Argentina y rebautizado como "Isla de los Estados". Paradójicamente, la compra de este buque vendría de la necesidad de contar con una nave que mantuviera una línea regular de carga entre Malvinas y el continente, surgida de los acuerdos entre Inglaterra y Argentina. Este acuerdo de 1971, señalaba que el “Servicio de Transportes Navales” debía transportar anualmente 25.000 cabezas de ganado ovino en pie desde las Islas Malvinas a Puerto Deseado, Provincia  de Santa Cruz.

                                     

 

 

Transporte ARA "Isla de los Estados" con sus colores originales.

 

El 28 de Marzo de 1982, al mando del Capitán Panigadi, el “Isla de Los Estados”, zarpó de Puerto Deseado para unirse a la Fuerza de Tareas FT-40 y participar de la Operación Rosario, arribando a Puerto Argentino el 4 de abril. Ya en el archipiélago, prestó toda clase de servicios y debido a la falta de muelles de envergadura, tuvo la misión de alijar carga de todo tipo de buques mercantes de mayor porte, como los ELMA  "Río Cincel", "Formosa", "Mar del Norte" y "Río Carcarañá"

 

También se lo utilizó como buque minador, esta peligrosa tarea la realizó mediante el fondeo de 25 minas submarinas sembrando dos campos minados en la entrada de Puerto Argentino. Esta maniobra fue efectuada eficazmente, aunque con riesgos extremos, como cuando una mina al cortarse un cable, cayó desde un guinche hacia el interior de una de las bodegas del transporte, gracias a Dios, sin explotar.

Finalizada la maniobra de atraque al “Irizar”, el “Isla de Los Estados” quedó acoderado por su banda de babor; rápidamente ambas dotaciones comenzaron a preparar las maniobras de transferencia de combustibles y agua potable, se tendieron metros de mangueras de todo tipo otorgándoles la suficiente elasticidad para que absorbieran los fuertes movimientos que, el viento y el oleaje, producían entre ambos barcos.

Se pasaron tres planchadas por donde grupos de mecánicos y técnicos tripulantes del “Irizar” pasaban al “Isla” para reparar o calibrar todos los equipos y sistemas que presentaban alguna falla o avería. Así repararon un generador principal, el mecanismo del servomotor del timón, una frigorífica, equipos de comunicaciones y un radar de navegación. La grúas de ambos buques comenzaron a transferir cajas de munición de todo tipo y calibre, para que sean estibadas en la bodega de proa del “Islas” y cajas con víveres secos y frescos para sus  pañoles y frigoríficas.

Durante las maniobras de víveres, combustible y munición, la tripulación del “Isla” fue recibida a bordo del rompehielos a efectos de ser atendidos por su personal médico y odontológico, para hacer uso de sus comodidades compartiendo un mate o una película con los  tripulantes del “Irizar” y/o para recibir asistencia espiritual  del sacerdote embarcado. Todas estas acciones fueron de vital importancia para recuperar el estado anímico de la tripulación, tan maltratado por el esfuerzo de navegar tanto tiempo en situaciones de alto riesgo permanente.

La situación para la tripulación del rompehielos tampoco era sencilla, además de asistir al “Isla” y su tripulación, continuaba la maniobra de descarga, con helicópteros y lanchas de desembarco EDPV, de Aerocombustibles (JP y Naftas) para las bases aéreas en Puerto Argentino, Pradera del Ganso e Isla Borbón al Norte de la Gran Malvina. Estos combustibles eran demandados por los aviones de Apoyo Cercano IA-53 ”Pucará” de la Fuerza Aérea, los Cazas de Entrenamiento Aeromacchi 33 y Turbo Mentor T-34 y los Antisubmarinos Tracker S2-E de la Armada, los Transportes “Skyvan” de la Prefectura y helicópteros de todo tipo.

En fondeadero, con vientos fuertes y con el encajonamiento por estribor de la cubierta de vuelo, que producía la superestructura del “Isla” y el hangar del “Irizar”, los helicópteros que se aproximaban para tomar una carga, no disponían de un viento franco en el momento de colgarse sobre la cubierta de vuelo del rompehielos, en realidad debían enfrentar un viento arrachado, con intensidades y direcciones cambiantes en función de la proximidad con el “Irizar” y la variación del arrumbamiento de su proa, lo que tornaba la aproximación como muy peligrosa.

Ocupada la banda de Estribor del “Irizar” por el “Isla”, por babor se operaba con carga con dos lanchas de desembarco EDPV, las que alternativamente se acercaban a la banda y recibían los tambores de combustible para estibarlos en su bodega, con la dificultades que presenta el permanente golpear del casco de la lancha contra el del buque, la lluvia de agua salada que producen los cabeceos y rolidos de la lancha estando amarrada y la baja sensación térmica que lentamente va calando los huesos de los tripulantes. Finalizada la carga, las lanchas se largaban y luego de media hora de navegación alcanzaban el muelle de Puerto Argentino, donde nuevamente, pese al abrigo del puerto, comenzaba la ímproba tarea de desembarcar todo lo cargado.

De esta forma se operó durante varias horas, efectuando maniobras con aeronaves en la cubierta de vuelo, de descarga con embarcaciones menores desde la cubierta principal y de completamiento de carga con el “Isla” por estribor, luchando con el viento, con la baja sensación térmica, con las posibilidades de explosiones al manipularse combustibles y munición de guerra al mismo tiempo, o que se produzcan accidentes con los tripulantes, ante tanta maniobra y tanto riesgo asumidos al mismo tiempo.

Dicen que los navegantes siempre confiamos en un ser superior a quien nos entregamos totalmente pidiéndole su ayuda y comprensión, una gran mayoría se encomienda a la Virgen “Stella Maris” patrona de los marinos, otros solo piensan que cristo, “El Barbudo”, también es marino y que nos acompaña en todo momento.

Aunque no lo reconozcamos, todos sabemos que el diablo, siempre está esperando la oportunidad de hacer de las suyas o dicho de otra manera, que se acaba la suerte, o que la probabilidad de que algo salga mal, finalmente se cumple. En esta oportunidad, al “Irizar” se le acabó la suerte, o el diablo decidió meter la cola y la cosa, lejos de mejorar, empeoró.

El sistema hidráulico que movía la grúa de 16 toneladas de la banda de babor y la apertura de la tapa de bodega próxima al hangar presentó un desperfecto súbito. Además de perder una grúa para maniobrar la carga que se retiraba desde las bodegas, la pluma de la grúa, quedó detenida a 45º de la cubierta y paralela a la crujía del barco, con lo que formaba una pared sobre la banda de babor de la cubierta de vuelo, la que sumada a la pared que conformaba la superestructura del “Isla”, por estribor de la cubierta, producían una situación muy poco recomendable para aproximarse, al quedar los helicópteros totalmente encajonados y a merced del viento arrachado.

Estos factores reducían el espacio en que se podía operar y afectaban seriamente la maniobrabilidad de los helicópteros y, no obstante, la pericia de los pilotos y sus mecánicos, la de los señaleros de helicópteros, trinqueros, bomberos y cargadores, que los asistían en la cubierta de vuelo, permitió alcanzar con éxito, luego de 15 horas de ardua labor, las diferentes tareas en ejecución.

Las enseñanzas de las escuelas de la armada y, los cinco meses de operación constante en el continente antártico, previo a la recuperación de las Islas Malvinas, se hicieron presentes en esta circunstancia, haciendo aflorar, además de la capacidad que confiere un intensivo adiestramiento, el valor, el coraje y la férrea voluntad de los hombres de la Armada para alcanzar sus objetivos.

Recuperada su dotación, con todos sus equipos en servicio y la carga lista en sus bodegas, pañoles y frigoríficas, el “Isla”, soltó sus amarras del “Irizar” y suavemente, como había llegado, se fue alejando, dejando una estela sutil en el mar y una silueta que en las penumbras del otoño malvinense se fue perdiendo de vista, fue la última vez en que estuvimos junto a la dotación del “Isla”, la guerra se llevaría a la mayoría de ellos.

Con el corre de los días, continuó transportando valiosa carga militar a los distintos puertos en las costas de las islas, asumiendo riesgos de todo tipo, moviéndose en forma continua, navegando de noche y en medio de la niebla, barajando la costa, aprovechando las caletas y todos los accidentes geográficos para ocultarse, utilizando el radar y los equipos radioeléctricos lo mínimo indispensable para no delatarse, sin escolta de ningún tipo, sin defensa antiaérea o contra buques, en un juego muy peligroso del gato y el ratón que el enemigo no estaba dispuesto a soportar.

 

El 8 de mayo comenzó en Puerto Rey, el alije del carguero ELMA “Río Carcarañá”, junto con los pequeños barcos auxiliares “Yehuin”, “Forrest” y “Monsunen”, estos últimos, incautados a la empresa Falkland Island Company. y, ahora, con tripulación argentina. Finalizada esta tarea comenzaría su último cruce del Estrecho San Carlos.

 

El 10 de Mayo, navegando de noche y en medio de intensa niebla, en proximidades de la “Isla Cisne”, con rumbo a “Puerto Howard”, transportando un cargamento de municiones y 300.000 litros de combustible de aviación, fue detectado por los radares de la fragata británica HMS “Alacrity”, la que inició el fuego con su cañón de 4,5 pulgadas, efectuó 15 disparos de artillería, acertando los últimos cuatro en la carga de combustibles y municiones que llevaba.

 

El "Isla de los Estados" explotó instantáneamente produciendo una gigantesca bola de fuego, desapareciendo luego, junto con casi toda su tripulación, en pocos minutos. De los 27 tripulantes, sólo cuatro lograron escapar a las explosiones iniciales y alcanzar las balsas salvavidas. En una de ellas, se encontraron el Capitán Tulio Panigadi , el 1er oficial Jose Botaro, el Capitán Alois Payarola y el Marinero Alfonso Lopez. La balsa de goma estaba averiada, Panigadi decidió volver al agua para disminuir el peso y permitir que sus subordinados se mantuvieran secos fuera del agua, en esta desesperante situación permaneció aferrado a las cuerdas salvavidas todo el tiempo que la hipotermia le permitió, su sacrificio no sería en vano. La balsa con Botaro, Payarola y Lopez, luego de varias horas, finalmente llegó a la playa de la Isla Cisne, donde Botaro tuvo un infarto del cual no pudo recuperarse, los dos sobrevivientes, lucharon con el viento, el frío, la falta de víveres y agua potable durante días, llegando a guarecerse en pozos cavados a mano en la arena de la playa.

Conocido el hecho se destacaron para  la búsqueda de sobrevivientes, el Monsunen, el Penélope y el Forrest, siendo este último quien los encontrara recién el 16 de Mayo, cinco días después del hundimiento. Payarola y Lopez, permanecían al lado del cuerpo de Botaro.

 

El hundimiento del “Islas de Los Estados” fue un suceso emblemático en la batalla de Malvinas, ya que operaban en él, hombres de la Marina Mercante, de la Armada, del Ejercito, de la Fuerza Aérea y de la Prefectura.

 

DOTACIÓN DEL "ISLA DE LOS ESTADOS"   (10 de Mayo de 1982)

Personal Civil de la Armada Argentina

Capitán:                     Capitán de Ultramar             Tulio Néstor Panigadi

1er.Oficial:                  Capitán de Ultramar            Jorge Esteban Bottaro

2do.Oficial.                 Piloto de Ultramar                Jorge Nicolás Politis

Jefe de Máquinas:      Maquinista Naval                 Miguel Aguirre

1er.Maquinista:           Maquinista Naval                 Alejandro Omar Cuevas

Contramaestre           Benito Horacio Ibáñez

Cabo de Mar              Jorge Alfredo Bollero

Marinero                     Manuel Oliveira

Marinero                     Antonio Máximo Cayo

Marinero                     Antonio Manuel Lima

Marinero                     Alfonso López

Electricista                  Pedro Antonio Mendieta

1er.Mecánico             Enrique Joaquin Hudephol

1er.Cabo                    Omar Héctor Mina

1er.Cocinero              Rafael Luzardo

Mayordomo                Héctor Omar Sandoval

Personal Militar de la Armada Argentina

Comandante Militar:   Capitán de Corbeta             Alois Payarola

Comunicaciones:        Cabo Principal                     Rubén Torres

                                    Cabo Segundo                    José Mesler

Enfermería:                 Cabo Primero                      Orlando Cruz

 

Ejército Argentino:

Capitán                          Marcelo Sergio Novoa

Sargento Ayudante       Víctor Jesús Benzo

Fuerza Aérea Argentina

Cabo Primero                Héctor  Hugo Varas 

Prefectura Naval Argentina

Marinero                       Jorge Eduardo López


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Fuentes Armada Argentina-Servicio de Hidrografía Naval, CONICET, Dirección Nacional del Antártico, Gaceta Marinera