2014 - Bicentenario de la Campaña Naval Libertadora Browniana en el Río de la Plata
Conflicto del Atlántico Sur- Malvinas 1982
Acciones poco conocidas de la Armada Argentina y la Marina Mercante Argentina

OPERACIÓN ALGECIRAS, SORPRESA EN GIBRALTAR


Acciones poco conocidas de la Armada Argentina y la Marina Mercante Argentina Durante el Conflicto del Atlántico Sur-Malvinas 1982

Con el conflicto por Malvinas desatado, la Armada Argentina evaluó y ejecutó operaciones de inteligencia para conocer los movimientos de la Flota Inglesa y de distracción para dificultar el despliegue de su fuerzas hacia el Atlántico Sur; entre otras operaciones, se planificó atacar un objetivo inglés en Europa, con la idea de mostrarle a la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y a sus integrantes en Europa, los riesgos de tener a una parte importante de la flota de la OTAN (la Inglesa), operando tan lejos de sus apostaderos habituales.Desde la finalización del conflicto, el episodio nunca fue reconocido oficialmente, pero en 2003 el cineasta español Jesús Mora consiguió que los entonces (1982) presidente español, Leopoldo Calvo Sotelo y Jefe de la Armada argentina, almirante Jorge Anaya, confirmasen la existencia de la "Operación Algeciras", título que empleó para su documental.

La operación estuvo desde su inicio bajo el mando directo del Almirante Jorge Isaac Anaya, Comandante en Jefe de la Armada y mentor de la recuperación del archipiélago malvinense. El 22 de abril Anaya convocó a su despacho en el Comando de la Armada, en el edificio “Libertad”, en la zona de Retiro, al Contralmirante Eduardo Morris Girling, por ese entonces Jefe del Servicio de Inteligencia Naval. En la reunión le propuso golpear en Europa a los ingleses, con el fin de que los europeos advertirán que los buques destinados a protegerlos, por ejemplo de los rusos, estaban a miles de millas de distancia, cerca del Polo Sur, y presionarían a Inglaterra para que regresen o, al menos, disminuyeran su número.

El ataque planeado por Anaya consistía en hundir un buque inglés en Europa, y para aumentar el impacto del incidente, este debía ser un buque de guerra, evitando así, además, posibles condenas internacionales por atacar un navío civil. 

En cuanto a la elección de la base naval inglesa, no era factible una en el Reino Unido, ya que unos argentinos deambulando en sus proximidades levantarían demasiadas sospechas, por lo que se encontró como aceptable la base naval ubicada dentro de la colonia inglesa del territorio español de Gibraltar, en proximidades del puerto español de Algeciras. Además, la elección de ésta ofrecía la ventaja de un entorno mucho más favorable al operar el comando desde España, un país donde no tendrían problemas de idioma y llamarían mucho menos la atención.

Pese a todo, la operación no se presentaba sencilla, el riesgo de ser descubiertos era elevado y se necesitaba de cualquier forma separar a la Argentina de la comisión del ataque, por lo que la Armada se dedicó a conformar un grupo comando especial que además de estar en capacidad de llevar con éxito la operación, no pudiera ser fácilmente relacionado oficialmente con la argentina. 

Según Anaya si la "Operación Algeciras" tenía éxito, nadie culparía a la Argentina: "Todos sospecharían de los enemigos de la OTAN, la Unión Soviética y sus aliados de la cortina de hierro, los islámicos del Líbano, o del Coronel Gadafi" presidente de Libia, en el Norte de África. Pese a esto, con esta operación, Argentina pudo implicar a España en el conflicto de las Malvinas, justo en el momento que España era finalmente aceptada como miembro pleno de la OTAN.



El Almirante Anaya confió la planificación de la operación y el armado del grupo comando al Contralmirante Girling, quien designó al mando al Capitán de Corbeta Infante de Marina y Buzo Táctico Héctor Rosales, junto a tres guerrilleros ex Montoneros, Máximo Nicoletti, Antonio Nelson Latorre alias “el Pelado Diego”y otro experimentado alias “el Marciano”, todos con experiencia en buceo.

Además de tener gran conocimiento del buceo, en las operaciones encubiertas y en la ejecución de atentados con explosivos, el hecho de ser antiguos guerrilleros y no miembros de las fuerzas armadas argentinas, en caso de ser descubiertos, el gobierno Argentino podría negar cualquier relación con ellos.

El componente del grupo comando con mayor experiencia en ataques a buques era Nicoletti quien había nacido en Puerto Madryn, ciudad costera y sureña de Argentina, donde, con el tiempo, se había convirtió en buzo profesional.

A Nicoletti el tema de atacar embarcaciones de forma inusual le venía de familia, su padre, buzo táctico italiano, había participado en el proyecto de torpedos humanos de la “Regia Marina” italiana durante la Segunda Guerra Mundial, que desembocó en Diciembre de 1941 en el ataque a la Base Naval Inglesa en Alejandría, Egipto, en el Norte de África y el hundimiento con explosivos de los Cruceros Pesados HMS “Queen Elizabet” y HMS “Valiant”.

Ya en los inicios de los años 70 comenzó a militar en la agrupación guerrillera argentina Montoneros. Esta organización desarrolló su mayor actividad guerrillera, en forma de atentados con explosivos y secuestros extorsivos entre 1970 y 1977 y Nicoletti participó en algunos de ellos.

Sus virtudes como buzo se prestaron a la realización de dos atentados bastante famosos en esos tiempos. Por un lado, el 1 de Noviembre de 1974, durante la presidencia de Maria Estela Martinez de Perón, en proximidades de San Fernando, en el Río Lujan, colocó una carga de explosivos accionada por control remoto dentro de la embarcación deportiva del Jefe de la Policía Federal Argentina, el Comisario General Alberto Villar. La explosión mató a Villar y a su esposa.

El otro atentado fue contra un buque de la Armada Argentina. El 22 de Septiembre de 1975, también durante la presidencia de Maria Estela Martinez de Perón, mientras se encontraba amarrado en el “Astillero de Río Santiago” finalizándose su construcción, el Destructor ARA “Santísima Trinidad, sufrió una explosión a causa de cargas de Trotyl colocadas entre el caso y el fondo por los buzos. Si bien esto no impidió la finalización de su construcción, sí le acarreó problemas futuros que con el tiempo fueron subsanados en los arsenales navales argentinos.

Paradógicamente, el ARA “Santísima Trinidad” era un buque gemelo del Destructor ingles HMS “Sheffield”, hundido seis años después, el 4 de Mayo de 1982, por un misil Exocet AM-39 durante la guerra de Malvinas, luego de un ataque de la Aviación Naval Argentina.

Por estos hechos, Nicoletti fue detenido y con el tiempo, sus relaciones con las autoridades argentinas mejoraron, hasta el punto de que se le encomendó la misión de realizar junto a dos compañeros un ataque similar al perpetrado contra el ARA “Santísima Trinidad”, pero en este caso, contra un buque de guerra chileno en la Base Naval de Valparaíso, en la zona central chilena. Para este caso no había nada de improvisación, sino que ya se tenían los blancos marcados, casas seguras, vías de entrada y salida e inteligencia previa sobre los objetivos.

Esta planificación se debió a las crecientes tensiones entre Argentina y Chile a causa de las discusiones por la soberanía de islas en el Canal de Beagle, en el Sur de ambos países durante 1978; no obstante, la mediación del Papa Juan Pablo II, evitó el conflicto armado y el ataque a la flota chilena fue cancelado. Abortada la operación Valparaíso, Nicoletti viajó a Estados Unidos quedándose en Miami, en cambio sus compañeros se desperdigaron en países de Sur América.

El 2 de Abril de 1982, se enteró a través de los noticieros de la recuperación de las Malvinas por parte de Argentina, sus otros compañeros se encontraban en Ecuador y en Venezuela. Esa misma tarde los llamaron desde Buenos Aires para avisarles que ya estaban analizando una posible acción contra los invasores ingleses. Se pensaba en atacar algún buque de abastecimiento británico en Montevideo o en un puerto del Brasil, pero surgió la idea de hacerlo en Europa. "Nos preguntaron si era factible o no, y con uno de mis compañeros, Nelson Latorre, el "Pelado", dijimos que, si nos ponían las cargas en España la operación era factible".


La Planificación de la Operación Algeciras:

Conformado el grupo comando, se diseñó la operación Algeciras cuyo plan era trasladarse y montar la base en la ciudad portuaria española de Algeciras, ya que dada su cercanía geográfica, era la localización ideal. Allí pasarían por inofensivos turistas, aficionados a la pesca, teniendo así una excusa para pasar horas en su embarcación pescando, y analizar cuidadosamente los movimientos dentro de la base naval inglesa de Gibraltar.


Vista aérea del Puerto de Algeciras y de la Base Inglesa de Gibraltar

Las directivas recibidas indicaban que, una vez analizada la situación de la base inglesa y el entorno, se aguardaría el arribo de algún barco militar británico, se consultaría con Anaya y se actuaría en base a las órdenes que les impartieran.

Para hundir el blanco seleccionado, se recurriría a tres minas magnéticas de fabricación Italiana cada una con 25 kilogramos de Trotyl, en la planificación se había desechado las minas magnéticas de fabricación argentina para eliminar toda pista del origen del atacante. El problema de introducirlas en España se solucionó recurriendo al sistema de la valija diplomática de la embajada argentina. Desde el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, se enviaron vía aérea las tres minas magnéticas disimuladas dentro de una boya marítima, dirigida a la embajada argentina en Madrid, evitándose así cualquier intromisión aduanera.

Las directivas para el grupo comando argentino, indicaban que una vez que se contase con un objetivo que cumpliese con los requisitos del plan (buque militar ingles de importancia), habrían de aguardar a una noche oscura (sin luna o nublada), e internarse en el agua con ayuda de un gomón (bote inflable), una vez en las proximidades de la base, se acercarían con el bote hasta una distancia segura, tras lo cual Nicoletti y el Marciano se lanzarían al agua, continuando la aproximación buceando para evitar ser detectados, quedando en la embarcación Latorre y Rosales, que tenían instrucciones de hundir el bote y huir en solitario si tras un tiempo estipulado, los buzos no volvían. Colocadas y programadas las minas magnéticas, volverían al bote y se dirigirían a la playa. Desde allí, el grupo se dirigiría por tierra y en diferentes vehículos a Barcelona, cruzarían Francia y luego hasta Milán - Italia, desde donde volverían a la Argentina.

Conocido el plan y ajustados lo detalles, el grupo comando destacó la acción planeada por el mando naval: "La decisión de Anaya es una de las más revolucionarias que se tomaron en la Argentina, porque íbamos a atacar a la OTAN, a Estados Unidos; atacar en Europa era una decisión muy pesada, había que rescatarla desde ese punto de vista. Lo más importante era que mostraba hasta dónde quería llegar la Armada en su enfrentamiento con Inglaterra”. “Era una operación para llegar, ejecutarla en dos días e irse”.

Comienza la Operación:
Finalizada la planificación y la organización logística de la operación, solo restaba iniciarla, a partir del 24 de Abril del 82 el grupo de cuatro buzos tácticos viajó hacia Europa desde el Aeropuerto de Ezeiza en dos vuelos de Aerolíneas Argentinas diferentes, el Capitán Rosales y El Marciano volaron directamente a Madrid, en cambio Nicoletti y Latorre partieron hacía París, donde transbordarían de vuelo para llegar a Málaga y luego por tierra a Madrid.

El grupo de Latorre y Nicoletti, en lo que se supone que debía ser una mera escala en París, tuvo el primer contratiempo. Para desvincular totalmente la operación con el gobierno argentino, se recurrió a pasaportes falsificados. Estos fueron confeccionados por otro ex-montonero, Víctor Basterra, aunque los talentos del falsificador eran muy respetados, todo indica que en este trabajo no se habría alcanzado la calidad suficiente.

Cuando llegaron a la capital francesa, oficiales de inteligencia sospecharon de los argentinos, los pasaportes falsos llamaron la atención, no parecían totalmente auténticos y la cooperación francesa hacia Inglaterra había comenzado, todos los argentinos arribados eran verificados especialmente. Luego de demorarlos un buen rato, se resolvió dejarlos continuar viaje. Aunque el incidente no pasó a mayores, siempre quedó la sospecha de que la inteligencia francesa pudo haber alertado a los servicios ingleses y españoles sobre la presencia de los argentinos.

La operación en territorio español:
Una vez en Málaga, se hospedaron en un hotel en Estepona. Tras unos días empleados en preparar el terreno y observar el entorno, se dirigieron a Madrid donde pasaron unos días y se encontraron con Rosales y el Marciano. Tras ello se dirigieron a la oficina del Agregado Naval Argentino en Madrid, que ya había recibido las minas magnéticas italianas desde la embajada.

En ese momento terminaba la etapa “sencilla” de la operación, ya que hasta entonces, no habían tenido que preocuparse demasiado, pero desde el momento en que recibieron las minas, el comando tenía que transportar en un largo viaje de más de 550 kilómetros los 75 kilogramos de alto explosivo en forma de minas submarinas, que además eran bastante voluminosas (60 centímetros de diámetro).

Otro agravante del entorno era que, en breve tiempo, se celebraría el mundial de fútbol en España 82 y las autoridades españolas temían por la concreción de un atentado de la banda terrorista ETA, por lo que se había incrementado la seguridad y por ende los controles policiales en todas las carreteras. En ese ambiente especial de inteligencia y contraterrorismo debía moverse el grupo comando argentino, sin la información previa de la que sí disponían para otros blancos.

Para moverse por España, el capitán Rosales había alquilado dos autos en Madrid y Nicoletti uno en Málaga. Para evitar ser descubiertos habían decidido hacer el traslado en silencio sin usar las radios para no ser detectados en el trayecto, en cambio para superar los controles carreteros, el grupo estableció un sistema de viaje seguro, el primer automóvil hacía las veces de vigía seguido por el segundo a 10 minutos de distancia y finalmente el tercero, en el cual se transportaban camufladas las minas, a otros 20 minutos.

Si el primero se topaba con un control policial, sólo debía dar la vuelta y, al cruzarse en el camino con los otros dos vehículos, sus compañeros entenderían el mensaje de que por allí no podía avanzarse. Si ese automóvil adelantado levantaba sospechas, podía pasar una revisión policial, porque no llevaban nada que los comprometiera. Con esta disposición, no fueron escuchados por la policía española ni tomados por sorpresa por los operativos policiales y pudieron burlar todos los controles de las carreteras, dando tiempo al coche con las minas a variar su rumbo sin levantar sospechas y alcanzar finalmente su destino.

El viaje de Madrid hasta Algeciras se desarrolló sin incidentes y allí se alojaron en un hotel. Para moverse por la costa compraron en el Corte Inglés un bote inflable a motor y que posteriormente usarían para realizar el minado del objetivo. En sus salidas de pesca, en las que se movían con total libertad por la zona, comprobaron que las medidas de seguridad eran bastante escasas y por tanto estimaron que la operación era finalmente realizable.

A la espera del mejor blanco:

El primer objetivo que cumplía parte de los requisitos (buque militar ingles importante) era un pequeño minador atracado en puerto, pero por un lado se trataba de un objetivo bastante modesto, y por otro, en aquellos momentos, Argentina buscaba una solución diplomática al conflicto, que habría fracasado en el momento que se produjese el ataque a la base inglesa; la mediación del Presidente Peruano Dr. Fernando Belaunde Terry, estaba muy avanzada y había alcanzado un gran consenso en la comunidad internacional.

Es por esto que a pesar de la llegada a puerto de otros posibles objetivos que sí cumplían los requisitos planificados, como un destructor ingles y algunos buques logísticos, siempre que el comando solicitaba permiso para ejecutar la operación, éste le era denegado desde Buenos Aires.

Todo cambió cuando a las 16:01 del 2 de Mayo el Crucero ARA “General Belgrano” de la Armada Argentina fue torpedeado y hundido por el Submarino atómico ingles HMS “Conqueror” encontrándose fuera del área de exclusión establecida por Reino Unido, sin ser un riego para la flota inglesa y alejándose de la zona del conflicto navegando a baja velocidad, lo que cumplió con la meta política inglesa de destruir cualquier posibilidad de solución pacífica y obligar a la argentina a meterse en una guerra.

Al no haber vuelta atrás y quedando claro el fracaso de la vía diplomática, el 3 de Mayo Anaya dio luz verde al Capitán Rosales para atacar al primer blanco que cumpliera los requisitos, a partir de ese momento, el primer barco militar inglés que entrase en Gibraltar sería minado.

Tras el visto bueno para la operación, llegó a la base de Gibraltar la Fragata HMS “Ariadne” que se convirtió en el objetivo. La noche del lunes 8 de Mayo, la fragata entró en el puerto y se fijó para la noche del 9 el ataque en caso de que continuase ahí.

         

       La Fragata inglesa Tipo 12 HMS "Ariadne", en navegación.


A la noche siguiente, tenían la fragata en el puerto con las condiciones meteorológicas adecuadas y la luz verde de Buenos Aires para proceder”, prepararon los explosivos y todo el equipo, iniciaron el desplazamiento pero al poco tiempo de navegar, el cielo se descubrió y una luna llena que iluminaba toda la bahía, amenazó con delatarlos, por lo que abortaron la operación para la noche siguiente

Para ese entonces, luego del hundimiento el 2 de Mayo, del Crucero ARA “Gral. Belgrano”, se había producido el 4 de Mayo el hundimiento del Destructor ingles HMS “Sheffield”, por medio de un misil aire superficie Exocet AM-39, lanzado desde un avión Super Etandart de la Tercer Escuadrilla de Caza y Ataque de la Aviación Naval Argentina.

El 10 de Mayo por la mañana, el Capitán Rosales y Latorre fueron a renovar el alquiler de los coches que, con tantos retrasos en obtener la luz verde para la operación, se había vencido el día anterior y era necesario para garantizar la huida sin problemas en los controles ruteros, mientras que Nicoletti y El Marciano permanecerían durmiendo para estar descansados para la noche del ataque ya que les tocaba el trabajo más duro al tener que bucear un tramo prolongado.

Para pagar el alquiler utilizó dinero en efectivo, aunque en estos casos es habitual pagar con tarjeta de crédito, y la policía española andaba tras la pista de unos argentinos y uruguayos presuntos planificadores y ejecutores de un asalto a un banco local, así que, tras haber pagado en efectivo al alquilar el primer coche en su llegada a España, la policía solicitó a la empresa de alquiler que les avisasen si volvían por sus oficinas, y así lo hicieron la mañana del 10 de Mayo, donde finalmente detuvieron a Rosales y a Latorre, luego, 4 agentes despertaron a Nicoletti y al Marciano a las 12:30 mientras aún descansaban en el hotel.

En la detención solo participaron efectivos españoles, los que propinaron un trato ejemplar a los argentinos. Cuando los miembros de la operación fueron capturados y se identificaron el trámite de detención comenzó a demorarse mucho, por lo que terminaron almorzando con ellos. Según relataron los mismos miembros de la operación “Fue un almuerzo muy divertido, los policías españoles lamentaban que este hecho hubiera llegado a sus superiores, y de no haber sido así, los hubiesen dejado libres”, “los españoles nos trataron muy bien - Vino uno y nos dijo: Hombre, si yo sabía que ibais a hundir un barco inglés os dejaba. Después de todo, el Peñón de Gibraltar también es territorio usurpado por Inglaterra”.

Luego del almuerzo, el capitán y los ex guerrilleros miembros de esta operación fueron transportados por tierra hasta Málaga, donde en aquellos momentos se encontraba en el presidente del gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, quien regresaba a Madrid tras un mitin de la UCD y que para evitar cualquier fuga de información y que el asunto trascendiese más, ordenó desembarcar la custodia de su avión, embarcar a los 4 argentinos y a otros 4 efectivos policiales y despegar inmediatamente rumbo a Madrid.

Eso fue a las cuatro de la tarde, poco más de 3 horas tras la detención. Una vez en la capital, salieron desde el aeropuerto de Barajas rumbo a las Islas Canarias acompañados de la policía, donde hacían escala para su destino final, Buenos Aires, viaje que ya harían los cuatro buzos argentinos, solos hasta Ezeiza. Para salir de España, utilizaron los mismos pasaportes falsos con los que entraron.



      El Presidente  Leopoldo Calvo Sotelo,  jurando frente al Rey Juan Carlos


El incidente se saldó a satisfacción de todos: los argentinos porque, aunque no lograron su objetivo, preocuparon seriamente a sus enemigos y no se vieron envueltos en ningún escándalo internacional; los españoles evitaron problemas con sus recién estrenados socios en la OTAN sin tener que enfrentarse con sus hermanos latinoamericanos, y los ingleses, felices también porque que no se produjo el atentado y evitaron un papelón militar.

Con esto finalizaba la “Operación Algeciras”, quedando en el aire grandes incógnitas como ¿qué fue lo que puso tras la pista del grupo comando a la policía española? y más importante aún, si Anaya estaba acertado en su planteamiento de atacar a la Marina Británica en Europa, con la posibilidad de dejar a España muy complicada con sus aliados de la OTAN? y ¿cuál hubiera sido la reacción de Inglaterra al mostrarse vulnerable en su territorio?, de lo que no hay dudas, es que militarmente, hubiera sido un golpe magistral al corazón británico.

Con el tiempo Nicoletti se convirtió en especialista en asaltos a camiones blindados transporte de caudales. En eso estaba cuando en 1994 fue detenido como jefe de una superbanda que se alzó con 1.800.000 pesos de un solo golpe. Pasó cinco años tras las rejas y no está claro por qué recuperó la libertad, dice a quienes se lo cruzan que no tiene sentencia firme y se benefició con la aplicación del dos por uno de las leyes penales argentinas.

Para 2004, de los cuatro componentes del comando, solo seguían vivos Nicoletti y el Marciano, desconociéndose al día de hoy su identidad, ya que siempre prefirió mantenerla en secreto, el “Pelado Diego” y el Capitán Rosales, que, según Nicoletti, era un tipo extraordinario, murieron hace tiempo.


Fuentes:

“Flotillas Secretas - Vol II”- Brooks Richards - Londres 1985

"La Guerra por las Falklands" - Nigel West - Londres 1998

“Operación Algeciras” - Jesús Mora - Madrid 2004

“Documental Operación Algeciras" - Jesús Mora – Madrid 2004

“Cambio 16” - Madrid 1983.

“The Sunday Times”- Londres 1999.

“La Nación” - Buenos Aires 2004
 
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