Campaña Antártica de Invierno 1980

Esta primera campaña de la década, inició   en el invierno de 1980, con la navegación del “Alte Irizar” hasta  la Base Científica “Corbeta Uruguay” la que necesitaba una reparación  urgente de su equipamiento. La estación estaba ubicada en medio del Océano Atlántico, sobre un extremo rocoso de  la Isla Morrel, Punta Hewison, del Grupo Thule del Sur, en Lat 59º 17´ Sur y Long. 27 º 18´ Oeste, extremo Sur Este del arco que conforman la finalización de la Cordillera de los Andes en la Tierra del Fuego, la Isla de los Estados y  las Georgias del Sur. Inicialmente había sido instalada como “Refugio” en el verano de 1955 por el Rompehielos ARA “Gral San Martín” y luego transformada en “Base Científica” en la Campaña de 1977.

Esta penetración presuponía , dado lo avanzado del invierno de 1980, importantes dificultades meteorológicas y glaciológicas para ser llevada a cabo, hechos que no se hicieron esperar, por lo que a poco de superar la latitud del Canal Beagle, comenzaron a aparecer los primeros bandejones, témpanos, tempanitos y gruñones, alertando sobre las dificultades que se acercaban. Cuando el “Irizar” alcanzó aproximadamente la mitad del Estrecho de Drake, el mar comenzó a plancharse , perdiendo rápidamente el tamaño y furia habitual de sus olas, convirtiéndose en un líquido cada vez más espeso hasta que el campo de hielo hizo su aparición y en pocas millas, quedó totalmente consolidado.

 El RHAI , puso rumbo a la base Corbeta Uruguay, comenzó a romper y avanzar lentamente dentro de un campo de 10/10 de hielo marino joven manteniendo una velocidad promedio de 2 / 3 nudos y en oportunidades, debiendo romper con el procedimiento de “Embestida”.  Luego de varios días de dificultoso avance, el “Irizar” quedó totalmente detenido en un campo de 10/10, soportando un fuerte temporal de la viento y nieve, estas extremas condiciones pusieron a prueba su diseño para operar en la Antártida, afuera vientos de más de 70 nudos y temperaturas de 20 grados bajo cero, llevaron la sensación térmica a valores escalofriantes, en su interior, el ambiente climatizado se mantuvo impertérrito promediando los 20 º centígrados.

 La situación continuó empeorando, las cubiertas exteriores del RHAI se habían convertido en una gran bola de hielo, con grandes estalactitas horizontales formadas de Barlovento a Sotavento (Estribor a Babor), en muchas oportunidades hubo que palear el hielo y la nieve para destapar las tomas de aire de las ventilaciones del buque, liberar las antenas de los radiotransmisores, de los radares de navegación  y de  las puertas de salida a cubiertas,  las que estaban totalmente bloquedas por la nieve. Amainando el temporal y al disminuir la presión sobre el campo de hielo, el RHAI pudo reiniciar su lucha de varios días con el hielo, hasta que, al alcanzarla primer laguna libre de hielo y navegar en aguas libres, una fuerte vibración en el casco, anunció la rotura de una hélice, circunstancia que obligó al Comandante a regresar al continente para su urgente reparación. Había navegado mil millas náuticas en un campo de hielo pesado, en pleno invierno y con fuertes temporales de viento y nieve.

Luego de la entrada a dique de carena en la Base Naval de Puerto Belgrano, pudo comprobarse  la rotura de media pala de una de las cuatro que conforman la hélice de estribor, estas palas macisas, de fundición de acero inoxidable, pueden cambiarse sin necesidad de retirar la hélice completa, siendo además, por diseño, el fusible del eje de propulsión, de tal forma que, ante esfuerzos extraordinarios, se rompa una o varias palas y no se rompa o tuerce el eje propulsor. El estudio del material de la pala averiada mostró alguna porosidad en la colada del acero, interpretándose que esta falla en el material de la misma, había facilitado su avería al trabajar en condiciones tan severas de hielo. No obstante en la derrota de entrada y salida a través del  Drake congelado., se pudieron efectuar importantes tareas oceanográficas en el “Mar de la Flota” y el norte del “Weddell”, estudios que nunca se habían concretado en esta época del año. Así pues, pese a los inconvenientes relatados, esta compaña de invierno,  resultó de un gran valor,  científico por las observaciones realizadas y técnico operativo, porque permitieron probar al “Irizar” en condiciones glaciológicas y meteorológicas extremas.

 

Fuente: La Armada Argentina en la Antártida, Campañas Navales Antárticas 1980-2000. Fuerza Naval Antártica-Armada Argentina, Capitán de Navío (R) Carlos Alberto Coli