El rompehielos Almirante Irízar, único
buque de su tipo en todo el Hemisferio Sur, se encuentra cumpliendo una delicada
operación en una región remota de la Antártida en el sur del Mar de Weddell, cuya
porción costera inmediata es asiento de la barrera de hielos de
Fimbull. Esta es una misión inusual, en invierno, la
primera desde que comenzó a prestar servicios en
la campaña antártica del verano de 1979/1980. Afrontando
los riesgos difícilmente predecibles del mar
congelado y las severas condiciones meteorológicas de la zona, la
tripulación del Irízar se empeña al máximo para lograr rescatar al buque alemán
Magdalena Oldendorff y conducirlo hacia aguas libres de hielos.
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La tarea es ardua
y requiere aplicar todos los conocimientos y la
experiencia disponibles, canalizándolos a través de un recurso
indispensable que la tripulación domina a fondo: el trabajo en equipo. Las hazañas
humanitarias de Luis Piedrabuena en nuestro mar austral, el rescate de la expedición
Nordenskjöld y de los náufragos del buque Antarctic, por parte del entonces teniente de
navío Julián Irízar y muchas otras acciones nobles para preservar la vida humana frente
al rigor del mar, tuvieron como protagonistas a nuestros marinos justamente
reconocidos por gobiernos de lejanos países.
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Este concepto primigenio de ayudar a quien
está en condiciones de indefensión frente a la adversidad de la naturaleza rige todas y
cada una de las acciones de quienes se desempeñan a bordo del Almirante Irízar. Con gran
parte del personal haciendo uso de su merecida licencia tras la campaña antártica
debieron suspenderla y comenzar preparativos complejos para ultimar todos los detalles de
la misión en tiempo récord. También es digno de destacar la presencia de la Dra.
Beatriz Lorenzo,glacióloga de la expedición y de un equipo de hombres del Ejército
Argentino expertos en hielo.Zarparon de Buenos Aires el 25 de junio y luego de hacer una
escala en Puerto Galván, donde recibieron dos helicópteros de la Aviación Naval y el
experimentado personal destinado a operarlos reiniciaron su misión.
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Navegaron por aguas de nuestro mar,
impregnadas por el recuerdo de heroicas acciones y pusieron rumbo a su objetivo
enfrentando un temporal de inusitada violencia caracterizado como de fuerza 9 en la Escala
Beaufort. La editorial del diario La Nación del domingo 28 de julio describe
acertadamente el momento vivido:
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"Por añadidura, desde el mediodía
del 5 del actual hasta la tarde del 7 el Irízar tuvo que capear un fuerte temporal,
trance en que el buque tuvo rolidos de hasta 45 grados a cada banda. Navegar en estas
condiciones implica que no haya servicio de cocina y que la gente a bordo padezca
problemas de equilibrio, malestares generales y cansancio acentuado debido al constante
esfuerzo que hay que hacer para mantenerse de pie".
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Superada la difícil contingencia el
rompehielos continuó su marcha con estoicismo, su meta permanecía inalterada en la mente
de todos y la voluntad se hallaba retemplada por la dura prueba.Las novedades del día 16
consignaban que la distancia entre ambos buques era de 60 millas náuticas (111 Km )
con una sensación térmica de 35 grados Celsius bajo cero y navegando en campos de hielo
de hasta 2 metros de espesor.
El Capitán de Navío Raúl Eduardo
Benmuyal declaraba con mesura: "Aún no se puede precisar la fecha de encuentro con
el barco alemán ya que en la Antártida todo está supeditado a las condiciones
glaciológicas".
Para entonces el
Almirante Irízar llevaba navegadas más de 5.000
millas náuticas (9260 Km) desde su zarpada en el puerto de Buenos Aires. El 19 del actual
el rompehielos concretó la primera fase de su misión comenzando a asistir al Magdalena
Oldendorff, mediante el suministro de combustible y víveres. Las fotos tomadas por los
helicópteros de la Aviación Naval dieron la vuelta al mundo, en ellas se podían ver a
los buques amadrinados, inmersos en un extenso campo de hielo.
El furioso temporal, las temperaturas extremas y la enorme distancia recorrida no habían
mellado la capacidad de la dotación y de los tripulantes embarcados para tareas vitales
como glaciología, meteorología y asesoramiento para la navegación en aguas
heladas. Competencia profesional, trabajo en equipo y férrea voluntad en pos del
objetivo constituyen algunas de las virtudes de nuestros compatriotas del rompehielos
Almirante Irízar. Un digno modelo a imitar por todos los argentinos.
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