2014 - Bicentenario de la Campaña Naval Libertadora Browniana en el Río de la Plata

Transporte Polar A.R.A. Bahia Paraiso

TRANSPORTE POLAR A.R.A “BAHÍA PARAÍSO”

 

GESTA DE MALVINAS

 

UNA PÁGINA  EN LA HISTORIA NAVAL ARGENTINA

 

 Por el CNCO Fernando B. Santos *

 


Después de un largo tiempo en mi andar y luego de bregar con determinadas vicisitudes que nos impone la providencia, surgía una deuda en mi fuero íntimo, algo que estaba pendiente y que necesitaba expresarlo. Era una obligación relatar una página viviente y recordar a un coloso de la Guerra de Malvinas, por lo que hoy deseo rendirle un homenaje al Transporte Polar ARA “BAHÍA PARAÍSO” , también denominado “Bravo Uno” que enmarcó un derrotero en nuestra historia naval, por lo que deseo hacer conocer como llegó a mi vida profesional.

A fines de octubre de 1981, cuando llegábamos del viaje de Instrucción de la Promoción 110 realizado a bordo de la Fragata ARA “Libertad”, tu silueta se divisaba desde el inicio del espigón de la escollera norte del puerto de Buenos Aires. A medida que la alegría nos surcaba por llegar a casa, tu imponente parada naranja hacía que respetáramos y envidiáramos sanamente a quien sería el o los asignados a cubrir algún puesto en la nueva unidad.

Así se cuenta este primer acto: éramos ocho contadores de la promoción 68 y, disculpen mis compañeros por esta infidencia, cuando nos dieron a elegir los futuros destinos, siete eligieron la zona 50 (Buenos Aires) y el único combatiente la zona 75 (Puerto Belgrano) – pedía el Crucero ARA “General Belgrano” y como segunda opción un destructor. La suerte de la taba, jugó a mi favor, me puse muy contento cuando el Jefe de la Brigada informaba que mi destino estaba en el imponente Transporte Polar ARA “Bahía Paraíso”.

Después de la ceremonia de egreso llevada a cabo a fines de noviembre del año 1981, con la licencia otorgada, llegué a mi Salta querida cuna de mis estudios para hacer escala y pasar a mi pago, Santa María Catamarca “- portal de los valles Calchaquíes” y simplemente quiero manifestar de mi pago, la paz interior que emite su geografía y en forma especial la inyección de vida que me refresca mi niñez y mi juventud, acompañándome en todos los desafíos.

Cuando apenas transcurría una semana de mi licencia, un telegrama me notificaba que debía presentarme urgente para realizar la campaña antártica.

El viernes 15 de Diciembre de 1981 me incorporaba a mi primer equipo de trabajo, comprometidos con la profesión, gran sentido humano y la mayoría de carácter jovial.

Con un lenguaje simple pero sentido, narraré tu historia “BRAVO UNO”.

Naciste en la Boca, cuna de gladiadores, construido por manos argentinas como prototipo de un proyecto nacional, vestiste* la camiseta del primer Transporte Polar, con un equipo de grúas que te hacían sobresalir de tu primo mayor: el Rompehielos ARA “Almirante Irizar”

Zarpaste el 26 de diciembre de 1981, para iniciar tu primera travesía con tu capacidad logística colmada por la carga en apoyo a las siete bases antárticas argentinas. Para sorpresa de todos, habías cruzado dos veces el Círculo Polar Antártico. Las evaluaciones de tu quilla reforzada en romper el lecho blanco fueron altamente satisfactorias y los entendidos decían que había nacido otro rompehielos.

  

 

 

 

 

Tu primera tripulación, no llegaba a los 25 años de promedio, dirigida por un excelente conductor, tu Comandante. Él fue el norte de todos, su profesionalismo y paternalismo conformaban un excelente ser humano. La dotación siguiendo el perfil indicado, le infundió el alma a esa masa de acero e inclusive era contagiosa tu música a quienes se embarcaban como refuerzo de tu legión. Con ese clima y en Ushuaia, como premio mayor de tu primera misión antártica, te alistaste para cumplir otra travesía a las Islas Georgias del Sur.

El 23 de marzo de 1982 zarpaste con rumbo al mar de Scotia, para sorpresa de todos fuiste a torear y jugar a las escondidas con el buque polar inglés HMS “ENDURANCE”. La navegación fue dura y tuviste que capear fuertes temporales y, ¡que anécdota la tuya!, cuando la corbeta argentina ARA “GUERRICO” se incorporó como refuerzo de tu misión ¡Que barco tan marinero!, solamente se le divisaban las antenas de comunicación.

El 3 de abril de 1982, iniciaste tu diario de guerra en la gesta de Malvinas, tu primer evento en las Islas Georgias del Sur, fue dejar vigías en Puerto Leith y zarpaste rumbo a puerto Grytviken para detectar la presencia de fuerzas hostiles inglesas.

El ambiente distendido se trocó cuando se produjo la recepción de las primeras bajas, consecuencia de las acciones llevadas a cabo. El cambio fue tan brusco que sorprendió a la generalidad. El equipo responsable de las operaciones en la cubierta de vuelo, recibió un duro impacto al enterarse de la pérdida de una aeronave, dejando solo al helicóptero Alouette III en la misión de transportar a los camaradas que habían sufrido heridas y que en muchos casos necesitaban urgente atención. Todo ello causó un amargo sabor que se mantuvo hasta que se produjo la recuperación final de la isla San Pedro.

Las tareas de abordo sufrieron el impacto del cambio, rompiendo la rutina con el movimiento generado por los heridos llevados al área de Sanidad y por los prisioneros tomados (22 marines y 14 científicos ingleses). Ellos fueron alojados en camarotes de cubiertas bajas ante los cuales estaban apostados guardias y centinelas en lugares estratégicos para mantener un nivel normal de seguridad.

Cumplidos tres días de travesía entre las Islas Malvinas y Comodoro Rivadavia, trazaste con tu primo mayor, el ARA “Almirante Irizar”, dos puntos en el derrotero para cobijar como puente logístico móvil y realizar el translado y posterior lanzamiento de las veinte aves negras del Ejército Argentino (helicópteros Augusta 103), con destino final a las Islas Malvinas.

 



 El 14 de abril llegaste a la Base Naval Puerto Belgrano, grande fue el recibimiento y en forma inmediata desembarcaste a los prisioneros ingleses, con sus correspondientes efectos sin novedad. De inmediato te abocaste a completar tu alistamiento como buque hospital, recibiendo progresivamente a los profesionales de la sanidad- la mayoría provenían de la zona Buenos Aires – completando la dotación con personal femenino, instrumentistas y enfermeras de la Escuela de Sanidad Naval.  El trabajo resultó complejo y como corolario te pintaron seis  cruces rojas que te identificaban como tal

                   

Los médicos con alguna experiencia en sanidad en combate se pusieron al frente del grupo constituido para satisfacer las responsabilidades asignadas y con ese propósito  planificaron los puestos a cubrir y los servicios a prestar. De a poco, tu nueva actividad se fue completando y a tres días de la zarpada, te adicionaron una nueva tarea para actuar como buque de apoyo logístico.

 

Con ese propósito, se trabajó día y noche en abarrotar las bodegas con provisiones que, en el caso de víveres, se calcularon para satisfacer las necesidades de diez mil hombres durante treinta días y completando el abastecimiento con otros pertrechos sanitarios.

 

Cuando la carga y el alistamiento se encontraban a son de mar, las directivas recibidas sobre la constitución del grupo de sanidad en combate fue cambiada substancialmente, quedando integrada en definitiva por 28 médicos y 58 suboficiales enfermeros con cara de combatientes.

 

El 27 de abril, zarpaste de Puerto Belgrano “Buque Hospital” rumbo a otra misión con el objetivo de generar altas.

 

La zona en la cual debías operar era un área enmarcada a la altura de Comodoro Rivadavia, destinando los primeros días a ejercicios de adiestramiento, corrección de roles y prácticas ante distintas eventualidades.

 

La madrugada del 3 de mayo recibiste la penosa noticia del hundimiento del Crucero “General Belgrano”, por lo que de inmediato tuviste que poner proa al área indicada, para desplegar tus herramientas y prestar auxilio a nuestros hermanos.  

 

Consecuencia de un temporal y por la distancia al punto del hundimiento, la travesía se hizo dura, llegando a la zona ordenada, el 4 de mayo. Con las primeras luces del día tocaste el primer zafarrancho y los aviones que sobrevolaban el sector te iban marcando las posiciones de las balsas y, gracias a tu propulsor proel, podías maniobrar fácilmente en todas las aristas.

 

Aún ahora resulta difícil describir la emoción del encuentro de nuestros camaradas, sus rostros que denotaban las penurias y particularmente el frío soportado que calaron sus venas, se conjugaron en un abrazo y en un apretón de ser humano.

 

Navegaste cinco días más en la búsqueda esperanzada, marcando un círculo en tu derrotero hasta llegar cerca de las Islas Sándwich del Sur. La operación implicó el rescate de 71 compatriotas y 17 cuerpos entregados a la vida eterna.

 

El 12 de mayo arribaste a Ushuaia y en una emocionada ceremonia desembarcaste a los camaradas, que luego serían retornados a la zona de Puerto Belgrano.

 

Tu primera tarea como buque hospital había finalizado y para dar cumplimiento a las normas fijadas en la Convención de Ginebra, tu silueta fue pintada íntegramente de blanco en esa zona austral.

 

El 29 de mayo fuiste alistado y destinado a la zona de la Isla de los Estados, continuando luego con rumbo a las Islas de los Leones Marinos para control del área y cumplir con la tarea de producir “altas” en el conflicto enmarcado.

 

El primer cruce estuvo lleno de incertidumbre por la presencia del adversario en la zona. El clima en la dotación mientras se realizaba la travesía era muy particular, los rostros reflejaban una natural preocupación acerca de alguna eventualidad, el cuando y la forma eran incógnitas a develar. Como contrapartida existía el convencimiento de estar capacitados para enfrentar cualquier situación emergente. Eso si, en la intimidad se percibía que

vivían la noche más larga de su historia.

 

La luz del alba te avisaba que habías llegado al punto coordinado, vale decir a la Gran Malvina. Fue grande la emoción de poder contemplar nuestras islas en medio de una bruma gris desplegada en el horizonte.

 

Navegaste todo el día al sur de esa parte del archipiélago y de pronto te encontraste que dos helicópteros británicos Sea Lynx sobrevolaban desafiando tu imponente silueta y el pabellón celeste y blanco.

 

El contacto inicial fue: “detenga su marcha, primera inspección”, luego anavizó un Helo y descendieron un pelotón de ocho británicos fuertemente armados, mientras la otra aeronave volaba circundando tu estampa.

 

Finalizada la misma, navegaste para encontrarte con tus pares del otro bando. Ellos habían constituido un grupo especial integrado por el barco de pasajeros SS “UGANDA”, buque hospital propiamente dicho y otras tres naves de menor, eran barcos hidrográficos,  los HMS “HECLA”, “HERALD” e “HIDRA” que cumplían funciones de “buques-ambulancias”. Estas unidades eran de menor porte y estaban previstas para evacuar heridos al puerto de Montevideo en primera instancia y posterior traslado al Reino Unido.

 

             

  Allí iniciaste el primer intercambio de heridos entre ambos bandos, visitas de cámara, anavizajes y provisión de medicamentos. Ante la sorpresa de no encontrarte con unidades de guerra hasta ese momento y siguiendo las instrucciones de los ingleses, enfilaste al principio al Canal de las Águilas y finalmente entraste al Estrecho de San Carlos.

 

La navegación en ese tramo te condujo al centro de la bahía donde tenía su asiento el establecimiento San Carlos. Durante esa navegación pudiste divisar la Fragata inglesa HMS “ARDENT” que presentaba serias averías, pudiendo ver también a los barcos de pasajeros SS “CANBERRA” y al SS “QUEEN ELIZABETH”, grandes buques que habían terminado la descarga de los pertrechos para reforzar la cabecera de playa recién establecida.




Al salir del canal se escuchaba en forma permanente el ruido de los bombardeos, al llegar a ese punto recibiste indicaciones de poner proa a la isla de Borbón, al Norte de las Malvinas. En ella dejaste como refuerzo a un oficial médico y al mismo tiempo se desembarcaron pertrechos y medicamentos.

 

El 1° de junio entraste a Puerto Argentino, era un día soleado a lo que se agregó la calidez de la recepción de nuestros compatriotas, al tiempo que el fuego antiaéreo propio hacía blanco en un Sea Harrier ingles, para agregar un motivo más para la bienvenida.

 

El humo permanente producto del combate y tu silueta blanca enarbolando nuestra insignia sobre la bahía constituían una magnífica postal de la situación que se vivía.

 

Todos los combatientes argentinos, incluyendo los emplazados en las trincheras agitaban sus manos saludando tu presencia. La permanencia para poder evacuar heridos estaba acotada a un determinado número de horas, siendo aprovechado simultáneamente para desplegar tus brazos, extraer y colocar la preciada carga a las pequeñas unidades que se amadrinaron en las bandas. Fueron cinco horas sin respiro para ejecutar la tarea citada, mientras proseguía el estruendo de los cañones y de los bombardeos.

 

Agotado el tiempo, zarpaste rumbo al continente, evacuando a todos los heridos del hospital de tierra como así también a los tripulantes del buque mercante ELMA “RÍO CARCARAÑÁ” y del transporte ARA “BAHÍA BUEN SUCESO”, que se encontraban con serias averías y encallados.

 

Sin concederte un descanso arribaste al puerto de Punta Quilla (Santa Cruz) y teniendo en cuenta que había de esperar la marea favorable para ingresar, iniciaste la evacuación de los heridos utilizando helicópteros que debieron cumplir varios vuelos nocturnos.

 

Finalizada esta tarea te dirigiste para tomar amarras en el puerto de Santa Cruz, allí urgido por el tiempo comenzaste de inmediato a embarcar contenedores, pertrechos y  distintos materiales. También se completó la carga con una ambulancia y tambores de aeronafta, ¡que locura la tuya!.

 

El 10 de junio efectuaste tu segunda entrada a Puerto Argentino y de inmediato se armó el rol de sanidad en combate dirigido a recuperar los heridos y al mismo tiempo fue activado el rol de abastecimientos, para permitir la descarga de los aprovisionamientos, en especial víveres.

 

La permanencia esta vez se extendió por dos días durante los cuales los combates adquirían mayor intensidad y las noches eran iluminadas por bengalas. Tus cubiertas eran transitadas por los veedores de la Cruz Roja embarcados y mientras tu ancla era levada, la dotación del buque percibía la sensación que no todo estaba saliendo bien. El contendiente estaba cada vez más cerca de la ciudadela, con oleadas de la aviación enemiga descargando sus bombas sobre las posiciones argentinas, todo lo que hacía prever un desenlace no favorable para nuestros intereses.

 

Con rumbo sureste saliste comprobando que en la bahía Agradable, se encontraba el buque de transporte de tropas inglés HMS “SIR GALAHAD” muy averiado y abandonado cuando intentaba un desembarco con resultado negativo.

 

El 14 de junio, llegaste nuevamente a Punta Quilla y mientras en las Islas se establecía un cese al fuego, fecha histórica pero dolorosa, tu dotación golpeada por la noticia, te alistó nuevamente recordando que la misión era “recuperar y producir altas”.

 

Nuevamente enfilaste hacia las Malvinas y en el trayecto tuviste que soportar una inspección que efectuó la Fragata británica  HMS “PLYMOUTH”.

 

Al dejar la Bahía Anunciación y para sorpresa de todos te encontraste con el núcleo de la flota inglesa, contando por lo menos 45 unidades, 15 de combate y 30 de apoyo logístico. El cielo estaba cubierto de aves negras, que en forma permanente operaban con los chinguillos repletos de pertrechos y te sobrevolaban en formación con banderas inglesas.

 

El 17 de junio por tercera vez fondeaste en Puerto Argentino. La desolación y el movimiento de embarcaciones y aeronaves, conjuntamente con el humo que surgía de la isla, eran los testigos mudos de los hechos ocurridos.

 

De inmediato comenzaste la tarea de recuperación de nuestros compatriotas que habían sido capturados, esto ocurría  a medida que iban siendo liberados, hasta llegar a un total de 1.800 hombres.

 

Haciendo abstracción de la mueca de frustración que denotaban sus rostros y de los golpes y heridas sufridas por muchos de ellos, a todos acogiste con afecto, brindándoles un baño reparador, nuevo vestuario y platos de comida calientes.

 

Luego hiciste el cruce rumbo a Punta Quilla, totalizando 2.100 almas a bordo. El trayecto demandó 36 horas de emoción y de movimiento, los servicios debieron funcionar en forma ininterrumpida durante 24 horas para satisfacer las demandas de tal cantidad de gente.

 

Todo el personal del buque afectado a los servicios de vestuario, rancho, panadería, cámaras y camaretas soportó con entusiasmo las obligaciones propias de cada puesto de trabajo, pues se sentían obligados a extender su mano a los compatriotas que habían participado activamente en el conflicto y que trataban de recuperar su identidad y sentirse que estaban bajo techo argentino.

 

El 20 de junio, que se presentó como ventoso y frío amarraste con algunas limitaciones en el puerto de Santa Cruz, posibilitando el desembarco de nuestros camaradas del Ejército Argentino.

 

Finalizada esta parte nuevamente te dirigiste a las Malvinas en el que sería el cuarto viaje, encontrando un activo movimiento de las fuerzas del Reino Unido, las que continuaban con las operaciones de carga y descarga de pertrechos militares.

Para regocijo de nuestra parte la mayoría del personal argentino a repatriar eran camaradas de nuestra propia fuerza, así que ni bien fueron embarcados el destino fijado era Puerto Belgrano. Sentimos entonces el orgullo de compartir el viaje con nuestro glorioso Batallón de Infantería de Marina N° 5, como así también algunos integrantes del destacado Regimiento 25.

 

El tiempo que duró la travesía se hizo más corto en función de las múltiples anécdotas y experiencias de todos los actores de la gesta.

 

El 24 de junio, cuando el sol ya caía en el horizonte, entraste a Puerto Belgrano y con emoción desembarcaste a los bravos infantes.

 

Ya en la Base, comenzaste el proceso inverso al del alistamiento. En primer término despediste con sentimiento a todo el personal que integró la sanidad en combate. Ellos aprendieron a quererte, pusieron todos sus conocimientos y experiencia para salvar las vidas de los heridos y fundamentalmente se integraron al espíritu de buque.

 

Como culminación de todas esas vivencias el 27 de junio de 1982 ingresaste a tu asiento natural “Buenos Aires”. Nos aguardó una cálida recepción brindada por los familiares y amigos que esperaban ansiosos el regreso de la dotación.

 

¡Transporte Polar A.R.A ”BAHÍA PARAÍSO”, tarea cumplida!. No  exagero si se lo califica como coloso de los mares, no existe Unidad Naval Argentina que en su primer año de vida haya sido receptora de tantas emociones.

 

En resumen, operaste durante seis meses continuados, a los cien días de tu nacimiento abriste tu diario de guerra, navegaste 25.000 millas y como enseñanza de tu misión humanitaria en las guerras contemporáneas, fuiste el que aportó a la Cruz Roja Internacional, dos adendas o normas importantes sobre la identificación electrónica/sónica -subácua y sobre las áreas de encuentro de Buques Hospitales. Ambas fueron debatidas y posteriormente aprobadas por los países que integran la Convención de Ginebra.

 

Extrañamos tu presencia en la Flota de Mar. Desde el 29 de enero de 1989 descansas en el fondo del cementerio blanco, pero tu espíritu permanece como un desafío, como queriendo expresar que aún estás vivo, tu silueta se divisa a lo lejos mecida por las olas de nuestros mares australes.



Con esta historia, simple pero sentida, tu Primera Dotación, el Grupo Playa, el Grupo Alfa, la Sanidad en Combate, el Grupo Aeronaval Embarcado, integrado por Unidades de la Aviación Naval y del Ejército Argentino, te recuerda cariñosamente, agradecidos por las vivencias compartidas, con espíritu sereno y lleno de emociones al evocar “Cuanto habíamos hecho” y cuan relevante fue tu protagonismo que permanecerá en forma imperecedera en las heroicas páginas de nuestra historia naval. ¡PRESENTE “BRAVO UNO”¡



3.- EVOCACIÓN AL COMANDANTE

 

El 28 de enero del 2008 una noticia llenó de congoja a todos aquellos que integraron la dotación del buque durante la campaña resumida precedentemente. En el Hospital Naval Pedro Mallo el Vicealmirante VGM Ismael Jorge GARCIA, había partido en un viaje sin retorno aunque permanece muy vivo en nuestro recuerdo por habernos comandado durante la guerra y conducido finalmente a buen puerto.

No llegaban a dos meses atrás de la fecha consignada, el 9 de noviembre del año anterior, que la mayor parte de la primera dotación del “Bahía Paraíso” se reunió para recordar los 25 años transcurridos desde la Gesta de Malvinas. Esos encuentros llevados a cabo a partir de 1983, confirmaban lo acertado de la expresión “la gran familia naval”, por lo que una vez al año nos reuníamos con todos los que no teniendo impedimentos hacían acto de presencia, muchas veces enriquecida particularmente por la compañía de sus familiares tratándose de los que viven en el interior. Ello permitía el conocimiento de todos aquellos, a partir de su Comandante, quienes habían vivido el conflicto como pocos.

Resulta entonces adecuado rendir un emocionado recuerdo al que nos condujo en un mar proceloso agravado por el estado de beligerancia con una de las mayores potencias del mundo.

Por lo que, en tono coloquial me atreveré a expresar:

 

“Fuiste el común denominador de nuestros recuerdos y anécdotas. Punto de partida de la organización de actividades, guía para despejar nuestras incertidumbres, referente obligado del grupo más joven de la tripulación y en especial de los ex–conscriptos que, solamente con tu presencia los hacías sentir con el espíritu de haber prestado servicios a la patria en sumo grado.

No cabe olvidar ese hermoso recuerdo de nuestras vidas pasado un cuarto de siglo y menos aún teniendo presente, la idea de los más jóvenes en entregarte el hermoso reloj con un fondo en relieve con la silueta de las Islas Malvinas, tallada en madera de quebracho colorado argentino.

La historia naval te recordará como un excelente profesional, con probada pericia para surcar los mares antárticos. Seguiremos en el derrotero que nos trazaste con acertadas palabras, que nos encontrarán plenas de emoción y tu primera dotación te recordará en todo momento, orgullosos de quien era responsable de conducirnos en situaciones límites con la mayor tranquilidad.

Es justo, entonces, pregonar a los cuatro vientos las virtudes que adornaban tu persona, por lo que el cumplimiento de todas las misiones que te encomendaban eran la consecuencia natural de tu capacidad profesional. Algunas de las pruebas dadas en las duras condiciones de un conflicto en el mar, forman hoy parte de las adendas internacionales para buques hospitales, contribuyendo a la modelación del carácter de tus subordinados.”

Señor Vicealmirante (VGM) D. Ismael Jorge GARCÍA, Comandante del Transporte Polar A.R.A. “BAHÍA PARAÍSO”, has dejado un legado invalorable a todos los ciudadanos, camaradas, amigos y compañeros. Estarás siempre PRESENTE¡

 

 

 FERNANDO BERNABÉ SANTOS

CAPITAN DE NAVIO CONTADOR

      VETERANO DE GUERRA

 

 

4 REGALO DE LA DOTACIÓN AL SEÑOR COMANDANTE     


 








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Rompehielos A.R.A. "General San Martín"

Fuentes Armada Argentina-Servicio de Hidrografía Naval, CONICET, Dirección Nacional del Antártico, Gaceta Marinera