2014 - Bicentenario de la Campaña Naval Libertadora Browniana en el Río de la Plata

DORIS WEST -ENFERMERA DE LÍNEAS MARITIMAS ARGENTINAS (ELMA):

DORIS WEST -ENFERMERA DE LÍNEAS MARITIMAS ARGENTINAS (ELMA):

Entre tantas mujeres argentinas embarcadas durante la guerra de Malvinas, Doris West era enfermera, única mujer en el Buque Carguero ELMA “Formosa”, una gran embarcación célebre por haber burlado dos veces el bloqueo naval inglés a las Islas Malvinas y también por haber recibido como fuego amigo una bomba de 250 kgrs. que no explotó y permaneció alojada en sus bodegas hasta que fue desactivada por especialistas de la Fuerza Aérea Argentina en el puerto de Comodoro Rivadavia.

Doris West ingresó a trabajar en 1978 como enfermera de buques mercantes en la ex Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), disuelta en la década del 90.

 "Veníamos de un viaje desde el Golfo de México, y al llegar al puerto de Buenos Aires nos enteramos que habían invadido las islas. Estábamos en guerra. Cargaron el barco, subieron militares con pertrechos y salimos con rumbo desconocido hasta llegar a Puerto de Punta Quilla, en Santa Cruz, a las 7 de la tarde del 2 de abril", recuerda. En ningún momento tuvo ganas de abandonar el barco: " Lo hubiera vivido como una traición, nunca pensé en bajarme."

Ella iba en el ELMA Formosa, el buque mercante que logró burlar en dos oportunidades el bloqueo inglés, trasladando municiones y comida para los soldados.

 "Llegué a Malvinas el 24 de abril y estuve hasta el 1 de mayo. En Puerto Argentino, los aviones ingleses ya habían empezado a bombardear", recuerda.

La tarde del 1 de mayo, Doris estaba en la enfermería preparando vacunas y medicamentos cuando escuchó, primero, el sonido de un avión que volaba a baja altura, y enseguida un estruendo de hierros abriéndose en la cubierta del barco, y ruido de ametralladoras.

Una bomba había caído en la bodega, pero de milagro no detonó. Fue un error. El atacante era un avión argentino, tripulado por el capitán Pablo Carvallo de la Fuerza Aérea Argentina que nos había confundido con un mercante inglés.

"Los hombres de la tripulación estaban lívidos, muertos de miedo", cuenta. Sabían lo que la bomba nos podía hacer. "Recién al año de que la guerra terminara, supimos que el ataque había sido de fuego amigo."

Doris recuerda a uno de los marineros que atendió, "un chico llamado Gustavo Polo, de La Plata", que le encargó llamar a su mamá y a su novia para darles un mensaje de su parte. "Luego lo vi, y supe que se casó con esa novia."

El peor momento fue cuando se enteraron que habían firmado el cese de hostilidades. Era la rendición. "Todos lloraban de bronca, sentían una congoja terrible." Pero también el regreso a Buenos Aires no fue como lo esperabamos:

"La gente en la calle ni hablaba de Malvinas. Los años que siguieron fueron de 'desmalvinización', yo lo puedo ver en mis hijos, que no tienen mucha información sobre el conflicto. Ahora, la más chica, que tiene 9 años, empieza a interesarse, se está hablando de nuevo del tema.

"La indignó que los medios cubrieran como lo hicieron el casamiento del príncipe Guillermo. Y se pone peor -se le llenan los ojos de lágrimas- cuando dice que vio a un muchachito periodista decir que el príncipe "iría en misión a Puerto Stanley. Nombrar a Puerto Argentino con el nombre que usan los ingleses habla de una gran ignorancia y desinterés acumulado en años. Me da tanta bronca, me dan ganas de llorar. Será que me estoy poniendo vieja", dice Doris, tocando una de sus medallas de veterana.


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Fuentes Armada Argentina-Servicio de Hidrografía Naval, CONICET, Dirección Nacional del Antártico, Gaceta Marinera